domingo, 17 de octubre de 2010

Blindness

El otro día jugué con mi hijo a dibujar con los ojos cerrados.
Las risas después, mirando el resultado de haber dibujado a ciegas, eran para haberlas grabado. Eran esas risas que todos deberíamos llevar grabadas en el móvil para ponérnoslas cuando tenemos un mal día.
Una vez concerté una cita a ciegas, a ciegas.
Es decir, quedé con una mujer en un lugar concreto y esperó con los ojos vendados a que yo apareciese unos segundos después (yo sí podía verla llegar al lugar).
Y confió en mí. Chica aventurera. Bravo por ella. O muy mal por ella, según se mire, pues yo podía ser un psicópata asesino… pero, ¿acaso no puede serlo cualquier desconocido?
Estadísticamente debía fiarse de mí. Intuitivamente, también.
No podía ver nada y sólo podía formarse una imagen de mí a través del oído, el olfato y el tacto. Fuimos a mi casa a cenar y cómo no, la cena transcurrió con muchas risas.
Ella no podía ver nada y tuvo que palparme la cara con sus dedos para “fotografiarme”.
Más risas.
Yo sí podía verla a ella, pero no sus ojos, lo cual es un factor muy importante para mí.
Bueno, el caso es que tras una hora de cena a ciegas llegó el turno de invertir los papeles. Le di la espalda, se quitó la venda y me la puso a mí, de modo que yo no pudiera ver sus ojos aún, ni ella los míos.
En ese momento yo era el ciego.
Y empezó el espectáculo: me desenvolví (creo que nunca he escrito esa palabra hasta hoy) con soltura en un mundo negro. Serví vino en las copas sin derramar ni una gota. Encontraba los objetos sobre la mesa con facilidad y sin tirar nada, e incluso lié un cigarro de los que ella fumaba. Su asombro era total. Pero la desenvoltura no sólo era porque yo estuviese en mi propia casa, que también.
Lo que ni ella, ni mi hijo sabían es que a mí, desde niño y hasta hoy, siempre me ha gustado “jugar” a "ser ciego". Cerrar los ojos durante un rato y moverme en mi entorno usando el resto de los sentidos y mi intuición.
Intuición...
Cuando alguien habla de intuición, muchas personas la relacionan sin darse cuenta con algo esotérico, adivinatorio, y eso es un error. En mi opinión (y corroborado por la RAE), ser intuitivo significa interpretar inconscientemente los signos que nos rodean y llegan a nosotros a través de los sentidos y sacar conclusiones que a menudo ni nosotros mismos podemos razonar o explicar a los demás. Eso es intuición. Conscientemente y con razonamiento sería deducción (también confirmado por la RAE).
Supongo que gracias a mi intuición y a mis juegos, me desenvuelvo fácilmente en la ceguera, lo cual no quita que me deje un dedo del pie en la pata de la cama si me levanto a media noche al baño sin encender la luz. Es más, me dejo un dedo del pie cuando es de día con cualquier objeto que se encuentre a su alcance, ergo, soy igual de torpe a plena luz del día que en la más absoluta oscuridad, ergo, la torpeza es algo intrínseco a mi persona. Pero me encanta ser intuitivo, aunque a veces la intuición me meta en unos líos tremendos y los demás no me entiendan. En realidad creo que eso le pasa a todo el mundo.
Es normal.
Me preguntan el porqué de mis decisiones, o de mis relaciones, o de cómo percibo la realidad y yo no puedo explicarles los motivos. Simplemente lo intuyo, y es cuando trato de dar explicaciones lógicas a mis opiniones, basadas en intuiciones, cuando sueno incoherente.
Pero muchas veces ni me molesto. Simplemente digo: “Intuición. No preguntes”.
Y provoco la inevitable sonrisa escéptica de quien me cuestiona.

Están ciegos.

¿Vosotros estáis ciegos?


EL KANKA "Ciego" (de Albert Pla) en L'Astrolabi Barcelona

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